INVISIBLE

Estamos en una era en que el amor verdadero parece casi imposible. Muchos creen que es un mito y pocos tienen el privilegio de vivirlo.

Aunque el amor verdadero sea un lujo que muy pocos se dan, quienes han tenido la oportunidad de vivirlo en un tiempo efímero, descubren que es como un tesoro que solo se entrega por un cierto tiempo, y depende de ti cómo decide vivirlo, porque de cualquier forma, ese recuerdo intangible queda para el resto de tu vida, un recuerdo en el que yo por ejemplo queda atrapado.

 Mi conciencia, mi amiga y mi más grande consejera, aquella que lo sabe todo, pero no tan todo de mí, alguna vez me dijo que en la vida aparecen dos personas: el amor de tu vida y el amor para tu vida.

Aquello se quedó grabado en mi mente. Y todavía me pregunto: ¿por qué tiene que ser así? Porque el amor de tu vida simplemente se tiene que guardar como un recuerdo vivo, una historia que aprecias como tu tesoro más grande, escondido en algún rincón de tu mente y de tu corazón.

 Un recuerdo donde muchas veces viajas en sueños silenciosos, solo para escapar un instante de tu vida presente y regresar a aquel lugar donde alguna vez fuiste feliz. Aunque solo sea por un pequeño instante.

Aquellas personas que en algún momento encontramos el amor de la vida entenderán lo que digo. Y a quienes todavía no lo han encontrado, solo les diré algo: no se vayan de este mundo sin haberlo conocido.

Pero, para encontrar, primero hay que creer en él…

El amor de mi vida llego una tarde tranquila, estaba junto a mis dos hermanas en el antejardín de la casa, nos habíamos mudado recién a una ciudad totalmente desconocida, sin saber nada de ese nuevo mundo que nos esperaba llamada ¡la sucursal del cielo!.

Vivíamos en un barrio muy folclórico, lleno de música, color y alegría por todas partes, pero no me atrevía tan siquiera mirarlo. Yo era una adolescente que cargaba una cicatriz muy grande en mi alma, mi dolor se había convertido en mi refugio, y era un lugar muy oscuro y frío donde el calor del amor era algo que no sabía que podía existir en mi. 

Yo estaba sumergida en el terror de vivir, pero nadie se daba cuenta, desde que había llegado a la ciudad, salir no estaba entre mi lista favorita de cosas por hacer, vivía casi que cien por ciento encerrada en la oscuridad de mi cuarto, viendo animes, dibujando o jugando con una consola de juego a veces con mi pequeño hermano… Sí, era una chica muy rara. Pero la vida me enseñó a esconderme, a resguardar mi mente y además le sumó el miedo que le tenía a esa ciudad, a ese barrio, incluso solo con mirar el sol me aterraba. Extrañaba mi antigua ciudad y mis amigos, pero no la vida que llevaba, tenía los sentimientos en una montaña rusa entre sentirme a salvo y extrañar lo que dejé atrás. 

Pero finalmente ese día decidí pasar la tarde junto a mis hermanas en el antejardín de la casa. Era un espacio que junto a nosotras mi hermano mayor tenía una tienda entre rejas y una máquina grande de videojuegos de monedas donde frecuentaban los chicos en esa época.

Sacamos unas sillas y nos sentamos a respirar aire fresco y sentir un poco los rayos del sol, compartir y reír junto a ellas como siempre lo habíamos hecho pero esta vez no había persecución, había paz y calma, por primera vez salir a ese pequeño espacio fue la mejor decisión que tomé en mi vida. 

Ese día, no se porque… solo para salir a ese pequeño espacio de la casa quise arreglarme, no iba para ningún lado en especial y frecuentaba andar desalinada, sin sentido a mi aspecto físico, pero para esa tarde me arregle. Mi cabello largo y abundante lo recogi con un moño dejando solo caer un fleco en mi cara, justo en esa semana mi madre me había comprado un capri (un pantalon negro ajustado que me llegaba a las rodillas), me coloque mi blusa favorita de color gris en algodon semi ajustado y mis zapatos de comodidad, unas baletas negras y un poco de lapiz negro en los ojos.

-Ok no combinaba en nada, pero para mi eso era lo más que podía hacer por arreglarme.

Esa tarde me sentí fresca pero un poco incómoda, pues el pantalón era bastante ajustado, no me lastimaba pero me hacía ver una figura curvilínea , y potenciaba por completo mi trasero , que es lo que más resalta de mi cuerpo y lo que más detestaba; lista con todo, nos sentamos a hablar y conversar de todo.

¿Alguna vez han sentido que todo lo que pasa en su vida —hasta el más mínimo detalle que les incomoda— encaja perfectamente? Como si todo fuera parte de lo que debe ser o de lo que el destino ya tiene escrito. Bueno pues yo sí lo creo, y recuerden esto porque más adelante se los diré. 


Comentarios

  1. En esos tiempos donde no estaba la abrumadora vida de las redes sociales, encontrábamos en lo más sencillo el regalo de la vida

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